La historia de David

David nunca había pensado seriamente en comprar una casa porque le parecía que era imposible que alguien que recibía beneficios del Seguro de Incapacidad del Seguro Social (SSDI) pudiera hacer realidad ese sueño. Todo esto cambió el día en que David asistió a un taller sobre la compra de viviendas en una organización para personas ciegas en su comunidad.

"Comenzaron hablando sobre varios programas y estrategias para la compra de una casa y yo escuchaba con mucha atención ", dijo David. "Nunca pensé que alguien con beneficios por discapacidad pudiera tener una casa de su propiedad, así que el concepto realmente me sorprendió".

David empezó a investigar la manera en que tener su propia casa podría afectar sus beneficios. No demoró en darse cuenta de que tener una casa de su propiedad no afectaría en nada sus beneficios de SSDI porque no hay ningún límite de recursos para los beneficiarios de SSDI. Lo difícil sería reunir los fondos necesarios para hacer el pago inicial de la casa.

David comenzó a examinar varios programas diseñados para ayudar a personas de bajos ingresos a comprar una casa. El mejor programa que encontró fue el de las Cuentas para el Desarrollo Individual (IDA). Era un programa de ahorros con contribuciones de igualación que ayudaba a las personas a ahorrar dinero con el fin de comprar sus primeras casas. En su opinión, era demasiado bueno para creerlo —él podría ahorrar mensualmente en su cuenta IDA $100 del monto que recibía en beneficios de SSDI. La organización sin fines de lucro haría contribuciones de igualación de 2:1. Eso significaba que por cada $100 que David depositara, ¡la organización sin fines de lucro le ayudaría al darle $200 adicionales al llegar el momento de hacer su pago inicial! Al finalizar el año, él tendría en su cuenta un total de $1,200 y, en combinación con los $2,400 que contribuiría la organización sin fines de lucro, ¡tendría fondos casi suficientes para hacer el pago inicial de un condominio!

Al participar en el programa IDA, David podría también asistir gratis a clases sobre la administración de sus finanzas. Él sabía que la responsabilidad adicional de tener su propia casa le obligaría a aprender más sobre la manera de llevar la contabilidad de su dinero. Durante la primera clase, se enteró de las puntuaciones crediticias. Después de la clase, fue a casa y verificó en línea la puntuación de su crédito. David siempre había utilizado el crédito de manera muy responsable y siempre pagaba sus cuentas a tiempo; por lo tanto, creía que tendría una puntuación excelente. Pero el informe que recibió contenía una sorpresa —incluía una bancarrota personal y por esa razón su puntuación no era tan buena como esperaba. David nunca se había declarado en bancarrota, así que ¡no tenía idea de lo que pasaba con el informe de su crédito!

David llamó al personal de su programa IDA para pedir consejos. Le dijeron que a veces ocurren errores en los informes de crédito y que era necesario corregir esos errores. Le ayudaron a comunicarse con las agencias que reportan créditos y descubrió que la ex-esposa de David había hecho una declaración de quiebra ocho años después del divorcio. ¡La quiebra de ella se había incluido por error en el informe de crédito de David! David solicitó la corrección de este error ante las agencias de informes; resolvió así el problema con su crédito y la puntuación de su crédito subió. Después de ese incidente, David comenzó a darle seguimiento al informe de su crédito, porque si se incluían en él comentarios negativos, esto podría dificultarle la obtención de una hipoteca para comprar una casa.

Cuando David completó el programa IDA y tenía $1,200 en su cuenta y los $2,400 de igualación de la organización sin fines de lucro, estaba listo para buscar una vivienda. Con la ayuda del personal del programa IDA, David obtuvo recomendaciones para contactar a varios agentes de bienes raíces en su comunidad que tenían experiencia en ayudar a personas de bajos ingresos a realizar su sueño de comprar una casa. Los entrevistó y seleccionó a su favorito. Luego, David y su agente de bienes raíces empezaron a examinar condominios cuyos precios estaban dentro de sus posibilidades económicas. Su agente de bienes raíces le recogía en la estación del metro. Su agente sabía también que David quería encontrar una vivienda cercana a los medios de transporte y a los almacenes.

Con la ayuda de su agente de bienes raíces, David examinó la lista de propiedades ofrecidas en venta y logró encontrar una vivienda satisfactoria. Al recordar la primera vez que la vió, David dijo: "¡Era fabuloso! Pisos sólidos de madera, mesas de granito, todos los artefactos domésticos en acero inoxidable, lavarropa y secadora empotradas". El condominio respondía bien a todas las necesidades de David. Era un poco más pequeño que su apartamento, pero el espacio se había utilizado mucho mejor, de manera que parecía ser más grande. Tenía también acceso a una piscina y a un jacuzzi.

David compró el condominio. Se había vendido en 2006 por $248,000, pero con el colapso reciente en los precios de las casas, pudo comprarlo por $63,000 —¡una ganga! Gracias a sus buenos antecedentes de crédito, David encontró un banco que le permitía obtener un préstamo hipotecario que requería un pago inicial de sólo el 5%, cubierto por los ahorros en su cuenta IDA y los $2,400 en contribuciones de igualación de la organización sin fines de lucro. Todo esto dio como resultado un pago hipotecario mensual de menos de $600 que incluía los impuestos y los cargos de la asociación de propietarios. El alquiler que David pagaba en su viejo apartamento era de $760 por mes — ¡más de lo que pagaba ahora para su propia casa!

Hoy, como propietario muy feliz de su propia vivienda, David continúa trabajando para mejorar su futuro financiero. Tiene un trabajo de práctica profesional en una compañía tecnológica en su comunidad y espera obtener un empleo en la misma compañía cuando reciba su titulo de Asociado en Tecnología Informática. También está aprendiendo destrezas nuevas participando en las reuniones de su asociación de propietarios.